Érase una vez… Benjamin Barker (Johnny Depp) es un hombre muy feliz, casado con una mujer muy bella y una niña. Un día, el corrupto y lujurioso juez Turpin se fija en ella y decide condenar injustamente a Barker y hacerse con su familia. Pasados los años, Barker consigue volver a su ciudad, Londres, acompañado de un joven marinero, pero ahora con el nombre de Sweeney Todd y con gran sed de venganza, más aún al enterarse de la muerte de su esposa y de que su hija es la pupila de Turpin. Así, vuelve a montar su barbería de antaño, justo encima del puesto de asquerosas empanadas que hace la señora Lovett (Helena Bonjam Carter). ¿Cuál es su plan? Afeitar el pescuezo al propio juez… pero antes tendrá que probar con otros clientes… aunque habrá que hacer algo con los cuerpos… desde aquel momento, las empanadas empiezan a gustar.

Sweeney Todd, el diabólico barbero de la calle Fleet es un cuento. Con sus princesas y sus brujas, y sus príncipes… aunque no precisamente azules. Más bien diría que negros, o rojos, de sangre. Sweeney Todd es un cuento, como las películas de Burton más suyas. Pero no apto para corazones sensibles e incapaces de la profesión de medicina por no poder ver un simple corte en la piel… Y, por supuesto, no para niños. Es una película muy sangrienta; y sigue siendo un cuento. Algo gore y surrealista (lo que le gusta a Burton), pero no realista. No es una película de violencia por violencia, sino que quiere llegar a más. Al estilo de las mejores tragedias shakesperianas, Burton habla de los sentimientos y de las pasiones. En forma de lo que adapta, musical –qué buenas son las canciones–, y mezclando lo macabro con lo más tierno, como el carácter maternal de Lovett, mientras no tiene ningún tipo de reparo para amasar esa carne en sus empanadas.

Lo dicho: es una película muy burtoniana. Un director que sabe lo que hace y lo hace bien. Muy bien ambientada (Londres hecho por ordenador), muy bien dirigida y muy bien actuada.