Realmente esta es una película extraña. Como le gustan a Tim Burton. Es extraña y, desagradable de ver para una persona más o menos normal. Cada vez que Todd corta el pescuezo de alguien duele a uno mismo. Y hay sangre a manta. De hecho, la película está ambientada en la época de Jack el destripador y este barbero parece otro destripador.

No obstante, la película no es realista. Me explico: los disparos que hace John Rambo en su última película, a pesar de ser muy exagerados, son mucho más realistas, que la sangre a borbotones de los pobres clientes de Sweeney Todd. Quizá sea porque nos es mucho más cercano -tristemente cercano- una historia de guerras contra milicias enmedio de una selva, que una historia de alguien loco cuya única ambición es acabar con un juez.

Tampoco se habla de la violencia, ni tansiquiera de la historia de un loco que mata a sangre fría. Se habla de la venganza y de cómo se siente alguien con ese único fin: vengarse. Johnny Deep representa muy bien a alguien totalmente amargado porque otro le ha robado la vida. En ningún momento de la película levanta ni una leve sonrisa; ni tansiquiera de satisfacción por haber alcanzado su fin, o durante la canción de la señora Lovett (Helena Bonham Carter), imaginando un mundo idílico los dos casados. Y el contraste con la figura de el joven marinero (Jamie Campbell Bower) e, incluso la hija del barbero, Johanna (Jayne Wisener) -de quien se enamora Anthony-, marca más esta amargura a la que alguien así se condena.

¿Y qué es lo que consigue en realidad? Nada. Es más, en el último momento, llevado por la pasión de haber conseguido su propósito, no reconoce a su mujer, y también la asesina.

¿Dónde está la solución? Es lo de siempre: en el perdón… ese “invento cristiano” tan poco en voga. Otro personaje, de una historia más lejana, tampoco entendió esto, y acabó ahorcándose de un árbol. Un tal Judas…

Sweeney Todd, al mirarse en el espejo, se ve roto. Por el espejo, y en la realidad. Este es uno de los motivos por los que he puesto la primera foto. Es el modo que tiene Tim Burton de reflejar el infierno en el que se encuentra alguien carcomido por el pecado. También, en el personaje del juez Turpin (Alan Rickman) -quien, después de hacer de Snape en Harry Potter, no sé si podrá sacarse el cliché de malo… Y creo, también, que esta obra no es de Shakespeare, pero se le acerca.