“Hay fuerzas que están más allá de la naturaleza y que todo científico tiene que respetar”… Lo dice Elliott Moore (Mark Wahlberg), en una de sus clases de ciencias, en el instituto. Y eso, para explicar porqué se extinguen las abejas. Él no es tan cientificista como su colega Julian (John Leguizamo) -que en todo intenta buscar explicaciones matemáticas-, pero no se queda corto cuando se ve metido en pleno ataque de algo venido de no se sabe dónde… Al principio se piensa que es un ataque terrorista cuyo foco comienza en Central Park: una sustancia que va por el aire atonta al que la inspire, acabando con todo lo que sepa a instinto de supervivencia: automáticamente, la persona se suicida. Da igual cómo: clavándose un pasador, arrojándose de un décimo piso, pegándose un tiro… Ocurre en toda la costa este de Estados Unidos, cerrando el cerco en zonas cada vez más pequeñas. Y la gente tiene que huir. Pero, ¿hacia dónde?

Elliott y su esposa Alma (Zooey Deschanel) -cuyo matrimonio no está en los mejores momentos-, tendrán que ir juntos, con Julian y su hija pequeña. ¿Qué es lo que ocurre? Nadie lo sabe. Pero algo les va a cambiar sus vidas… para siempre.

“Lo que está sucediendo” sería la traducción literal del título en inglés. “El suceso”. No es un incidente, algo puntual i presente, sino algo gerundio: está pasando. Y con todo lo que ello implica, sobre todo cuando uno no sabe qué es eso. El viento es un gran protagonista de esta película y, como viento que es, no sabes ni de dónde viene, ni a dónde va. Y M. Night Shyamalan es lo que quiere hacer: crear una intriga a partir de algo totalmente misterioso, pero muy cotidiano. Y lo hace bien, al mejor estilo hitchockiano: unas ramas, una puerta, un muñeco… cualquier cosa es buena para impresionar. Y eso, ¡a plena luz de día!

La película no es muy larga -poco más de noventa minutos- y te engancha desde el primer instante: escalofriantes momentos en que gente se mata sin ton ni son. De hecho la historia es muy rara -la más violenta hecha por este director hasta ahora-, pero, en realidad, es una excusa para explicar una idea muy clara: lo que decía al principio el profesor Moore al comienzo.