California, año 2000. Amir Qadiri (Khalid Abdella, el único conocido, por su papel en United 93) es un contador de historias (a storyteller); y lo hace bien. Escribe y parece que vende. En los años setenta, su gran amigo Hassan es quien con mayor entusiasmo le escucha leyendo cuentos. De hecho, Hassan no sabe leer, ni escribir: nunca nadie le ha enseñado. Es un hazara, raza muy minoritaria de Afganistán, que sirve con su padre en casa de Amir: el padre de éste, hombre rico y generoso, está por encima de las distinciones raciales y acoge a quien sea necesario. Así, los dos amigos viven en la misma casa y, siempre juntos, aunque muy distintos, se tienen el uno al otro como hermanos. Pero un incidente trucará por completo esta amistad… Y en 1979, Amir, con su padre, tiene que dejar Kabul, huyendo de la invasión rusa…

Pasados los años, el contador de historias, ya casado, tendrá que volver a su patria, desolada por los rusos y dominada, ahora, por los talibanes. Le espera un país muy distinto… y algo que no pensaba tener.

Hacer volar cometas, no es fácil. Por lo menos, se necesitan dos personas: uno dirige la acción y otro, la ejecuta. El trabajo es de dos; y si entre ellos hay buena relación, mejor. Cometas en el cielo (The kite runner) es así: una película que habla de la necesidad del otro. Siempre. Y ahí no valen las trampas; la confianza mutua es fundamental. Marc Forster, el director de este magnífico largometraje, ha plasmado muy bien en imágenes la novela homónima de Khaled Hosseini. Habla de una realidad dura. De cómo quedó Afganistán después de la invasión de los rusos y con la dictadura talibán, y del dolor de todos sus habitantes. Y habla también del Islam. Del verdadero: del que confía en Dios, y reza, y ama. Quizá es un buen modo de eliminar estereotipos que nos hayamos podido crear después del desdichado 11-S.

La película está muy bien llevada. No son actores conocidos, pero trabajan muy bien. Es verdad que los pequeños quizá sobreactúen un poco, pero lo salva el hecho que son de ahí. Y el guión ayuda; mucho. Es una película para pasar el rato –incluso con momentos de tensión–, y también para reflexionar. Una película que, a pesar de sus poco más de dos horas, se ve muy bien.