Jacob (Mads Mikkelsenes) es danés, pero desde hace muchos años vive en la India, dirigiendo un orfanato que recoge a niños abandonados por las calles de ese país. Se podría decir que ha dedicado toda su vida a una labor que se puede ver truncada por falta de fondos.

Un buen día, Jørgen (Rolf Lassgård), un hombre rico de Dinamarca le dice que está dispuesto a dar una suma muy interesante de dinero. Para ello, Jacob tendrá que trasladarse hasta Copenaghe y hablar con él sobre las condiciones.

La primera, es aparentemente muy sencilla: asistir a la boda de la hija de Jørgen. Lo que ocurre es que lo que no parecía dejar de ser unas horas de “paripé”, acaban por convertirse en una especie de reencuentro. El pasado con el futuro. Y un dilema; que puede cambiar la vida por completo de Jacob.

Después de la boda fue una de las películas nominadas para el Oscar a la mejor película de habla no inglesa para el 2007. Y por la historia, realmente se lo tenía merecido. Digo por la historia: no tanto por los actores. No lucen, pero tampoco deslucen. Simplemente están al servicio de un guión muy bien dirigido -al estilo dogma siempre con cámara al hombro- por la danesa Susanne Bier que habla de una fábula llena de humanismo. Porque temas como la fidelidad matrimonial, la sinceridad, la relación paterno-filial, la adolescencia, la necesidad de aprovechar el tiempo, la muerte, el poco valor que tiene la opulencia frente a una vida de donación…, están presentes en este filme.

¿Tanto puede haber en una historia de una boda? Sí; las bodas dan para mucho. Y esta, no es excepción. Y la directora consigue explicarlo todo sin que chirríe -aunque a veces se hace un poco largo el metraje- y los cambios de rumbo los muestra con delicadeza y sin aspavientos.

ATENCIÓN: puede haber SPOILERS

Durante toda la película resuena el trasfondo shakesperiano de “algo huele a podrido en Dinamarca”: y es que realmente es así la vida de unas personas cuya única finalidad está aquí en la tierra: el ser reconocido y amado por alguien. Si no, no eres nadie y, con la muerte, no hay continuidad. Por eso, a medida que va avanzando la película se ve más la muerte: animales disecados o muertos, matojos oscuros, ojos observadores…

En este sentido, es muy interesante el personaje de Jacob quien, teniendo una vida de total donación hacia niños abandonados y aversión a la opulencia de la familia de Jørgen, de repente se da cuenta de que su vida está ahí, en Dinamarca, asumiendo la responsabilidad que la otra cara de la moneda -la libertad-, una vez le dio. De hecho, sólo cuando acepte esta nueva vida, será capaz de dar -él mismo- mucho más para el orfanato de la India.

Curioso es, también, oír la respuesta del niño al que Jacob le propone irse a vivir con él: no quiere porqué ahí “es feliz”. Otro “golpe duro” que hará pensar mucho más al protagonista de esta película sobre el sentido de su vida. Nunca nadie se muere solo.