… O cuando de lo sencillo salen grandes historias

Con motivo de la entrevista que hice a su director, pienso que es un buen momento para colgar la crítica que escribí en su momento de esta pequeña gran película. La última película en la que actuó Fernando Fernán Gómez, en la que, de algún modo, puede ser como una profecía de quien es ahora, como inspirador de historias. De él, Gustavo Ron me decía que era un hombre que le ayudó mucho. Lejos de la imagen de osco que tenía “me ayudó y fue muy cariñoso conmigo”.

Mia Sarah es una película de las que te hace salir contento del cine. Se deja ver e, incluso, se deja amar. Con unos actores que trabajan muy bien. Una de esas películas sencillas, pero que, por su sencillez, se hacen grandes. Ahí os dejo lo que decía en Newsuic, hace ya un tiempo.

Un buen momento, también, cuando estamos esperando el segundo largometraje de Ron, esta vez rodado en inglés: Ways to live forever (2010)

Cuenta Gustavo Ron, el joven realizador de este su primer largometraje, que “Mía Sarah es un homenaje a todos los que en algún momento de su vida han sentido la necesidad de contar sus historias, y lo han hecho; un homenaje al espíritu de los grandes abuelos que siempre tenían una historia original en su manga…”. Y es que, realmente, Mía Sarah es una película muy original. Original, y de locos: ahí todos están locos. Samuel (Manuel Lozano), tiene agorafobia desde la muerte de sus padres y vive con Marina, su hermana veinteañera (Verónica Sánchez). Ella trabaja y hace lo imposible por ganar dinero y pagar a los sucesivos psicólogos que intentan curar a Samuel. Sin éxito…, hasta que llega Gabriel (un muy simpático Daniel Guzmán), psicólogo y otro loco para el manicomio, aunque, éste, también de amor: antiguamente por su ex-novia (Diana Palazón) –psicóloga de animales marinos–, y ahora loco por la tímida e insegura Verónica. Y a todo este batiburrillo de personajes hay que añadir a Fernando Fernán Gómez que encarna con maestría a Paúl Dávide: abuelo de los dos hermanos y antiguo escritor de éxito que enseña a Samuel a desembarazarse de sus profesores con modos muy “disuasorios”…

Y funciona. Fábula romántica que recuerda a las viejas historias de Frank Capra en las que el dramatismo de la vida misma era llevado con optimismo y de las cuales salías siempre contento. Porque, de verdad, esto ocurre con Mía Sarah: una historia de amor que huye del extremismo sentimentalista –al que tan acostumbrado nos tiene el cine de hoy– y de lo insustancial facilón de algunas producciones hollywoodienses. Es española, pero lejos está de lo que normalmente se ha entendido por cine español. Con influencias italianas, francesas… y hasta de Cantando bajo la lluvia, Ron y Edmon Roch –el otro guionista– consiguen dar humor, amor y dramatismo… con toques muy simpáticos de surrealismo. ¿Gustará a los que todavía no la hayan visto? No es moneda de cinco duros –hágase la conversión necesaria–, que gusta a todo el mundo, pero da gusto ver películas así. Una nota: estuvo siete semanas en cartelera, han pasado por sus salas unos cincuenta mil espectadores, y ha recaudado cerca de trescientos mil euros. Por algo será.