… o cuando alguien te ve el alma y el mundo se queda en silencio

Ryan Bingham (George Clooney) es, sencillamente, un hombre egoísta y frío. Trabaja en una empresa que se dedica a despedir a gente de otras empresas, intentando hacer ver al despedido el lado positivo de la situación. Así; sin más. Un trabajo nada agradable, pero que Bingham lo sabe hacer con mucho arte y es el mejor. Esto le lleva a estar casi todo el año volando de un lado a otro de los Estados Unidos y a odiar los pocos días que está en casa. No quiere nada ni a nadie… Una pequeña maleta, le basta; y si acaso alguna relación esporádica con la que, de vez en cuando, disfrutar unas horas y mostrarse ante los demás como alguien que no está solo…

Pero esta vez algo puede cambiar. Alex (Vera Farmiga), una simpática compañera de viaje; Natalie (Anna Kendrick) una joven recién salida de la facultad que alardea de ser una experta en despedir a la gente, pero por teleconferencia y a la que Bingham tendrá que enseñarle su profesión; una hermana que se casa… Sucesos que pueden hacer que el “perfecto yuppe“, cuyo único fin en la vida es llegar a conseguir 10 millones de millas como viajero habitual, haga un giro radical…

En Up in the Air hay muchas cosas buenas. Jason Reitman, el director, demuestra que Juno (2007) no fue sólo una “golpe de suerte”. Reitman coescribe un guión con diálogos realmente bien trabajados (algunos con gran cinismo), y sabe hacer una crítica a muchas cosas de la vida consumista actual, sin caer en una fácil conclusión moralizante al que a veces cae el cine americano, pecando de “inocentón” y evidente.

También de Clooney son responsabilidad las bondades de esta película: encarnando a un tipo desagradable y antihéroe, consigue que el personaje caiga bien: es un tipo de vida frívola, frío y ególatra, pero llama a la compasión. Nadie quisiera estar en su lugar: tanto la obsesiva meta de las millas, como las “negras” conferencias que da, invitando a no comprometerse en absolutamente nada, o la frialdad con la que despide, hacen ver que hay algo que no va en este ejecutivo. El espectador se queda con la otra cara de la moneda: la que se muestra en la intervención del trío protagonista: hay algo mucho mejor que el tener dinero, el ser un don Perfecto y el tener una vida aparentemente feliz. Los demás. “La vida, es mejor en compañía”, llega a decir Bingham…

No es una película para muy jóvenes: además de que no pillarían de qué va realmente la película, se quedarían sólo en la anecdótica imagen del que puede hacer lo que le venga en gana si se lo puede permitir. Ese es el comienzo. El comienzo hacia la madurez. Porque inmaduro es el protagonista -“¿Aislado? ¡Si estoy rodeado!”, le dice a su hermana- , e inmaduros son las otras dos; a su manera. Una porque aún le queda mucho que aprender y a la primera de cambio se deja liar por el chico que acaba de conocer en el baile, y la otra porque no está contenta con lo que llama su “vida real”, y tiene que huir buscando una especie de “Nunca Jamás”, a lo Peter Pan. Incluso el futuro marido de su hermana es un inmaduro, que no se ve capaz de tomar una decisión que le implique de por vida.

Y es que de eso va la película. De la necesidad del hombre -del ser humano- de tomar compromisos y de no funcionar aisladamente, sino con y para los demás. Es una historia de “conexiones”, lo que le recuerda, también, Natalie. Muy interesante, en este sentido, el diálogo que añado a continuación, entre ella y Ryan:

  • R.: ¿has experimentado alguna vez la sensación de mirar a alguien, sentir de que está viendo tu alma mientras el mundo se queda en silencio?
  • N.: Sí.
  • R.: Ya, pues yo no”