No es fácil hablar de una película, cuando -a mi parecer- ésta roza la perfección… No digo que There be Dragons sea perfecta, pero sí una obra maestra (“la película del año“, ha dicho alguien). Ya tocará, en su momento, hablar de los defectos; pero sí es verdad que cuando terminé de verla en un pase privado al que me invitaron, quedé literalmente alucinado.  ¿Sabes de esas situaciones en que no se te ocurre qué decir porque te das cuenta de que acabas de ver algo grande? Como cuando has visto por primera vez a la chica de tus sueños, y te quedas sin palabras…

Así estaba yo al terminar; y así,  poco a poco, enfundado en el casco y subido en la moto, fui asentando cabeza y pensando en ella. Hace tiempo que vi las multipremiadas Los gritos del silencio (1984) y La Misión (1986) del mismo director Roland Joffé y me quedaron grabadas; grandes obras que Joffé no supo emular. De hecho, no consiguió levantar cabeza en ninguno de sus trabajos posteriores. Incluso, llegó a dirigir la infantil Super Mario Bros. (1993), pero no quiso ni aparecer en los créditos…  Por eso, me parece que el director británico acaba de firmar como su redención profesional. Ya veremos si conseguirá mantener con las que ya está preparando.

There be Dragons se enmarca en los años 80, cuando encargan a Robert, un periodista inglés, investigar y escribir un libro sobre una persona de la que ha empezado su proceso de beatificación y canonización: Josemaría Escrivá. Mientras está en ello, descubre que su padre -con el que lleva años sin hablarse y se encuentra a las puertas de la muerte- era gran amigo de Escrivá y hasta estuvo con él en el seminario, por lo que decide ir a Madrid y preguntarle al respecto. Aunque su padre no quiere remover aguas del pasado, le acaba dando todo lo que quiere. Robert descubrirá algunos secretos que quizá hubiera sido mejor dejar donde estaban… o no. Depende de si está dispuesto a encontrar dragones.

¿Por qué Roland Joffé -agnóstico- se lanzó a hacer una película así? El motivo más inmediato, ya lo vimos, y pienso que las ganas que tendría de volver a hacer una película épica -cargada de humanidad, al estilo de las citadas-, le hicieron dar el paso. Pero sobretodo, lo que más le impresionó fue descubrir una historia de amor y perdón enmedio de una guerra fraticida -muy cruel- en la España de los años 30.

Es lo que cuenta en There be Dragons: amor, odio, alegría, tristeza, horror, miedo… y por encima de todo, perdón. La película lo deja claro: o perdonas y aceptas el perdón, o vivirás y morirás amargamente. Pero un perdón heroico; no el del niño que lo dice con la boca pequeña porque acaba de hacer una trastada a mamá. O abandonas los dragones que nos rodean -y, sobre todo, los que nos carcomen- o no sabes dónde terminarás.

Se trata de una historia muy bien contada. Más de dos horas, que a mí me cogieron. Los 36 millones de dólares que ha costado (unos 25 millones de euros) se notan y están bien usados (aunque habrá que esperar el director’s cut, en DVD, para verlo mejor). Me gustó mucho el trabajo actoral. Y son grandes. Charlie Cox, Wes Bentley, Olga Kurylenko (la última chica Bond)… hasta Geraldine Chaplin.

En ella se habla de la Guerra Civil española como nunca antes se había contado: aquí no hay ni buenos ni malos. Es una guerra: con toda la mierda que conlleva. Y por eso, no se exalta, sino que simplemente se muestra. Es dura, pero,  no obstante, hay brotes de esperanza y optimismo. Porque la historia que la enmarca, la del fundador del Opus Dei (no es una biografía de Escrivá, pero en ella, tiene un papel importante), es una historia de un hombre que supo perdonar.

¿Econtraremos dragones? Eso espero. Pienso que ésta es una película que dará de qué hablar -sólo hace falta ver cómo arde la red hoy-, pero además me parece que los amantes del buen cine gozarán de una gran obra cinematográfica. Realmente, Joffé ha vuelto a mostrar quién es y qué sabe. Es verdad, como dice el propio director, que valdrá la pena dejar aparcados los prejuicios; que de esto -desgraciadamente- aquí somos unos expertos. ¿Por qué? Será que aún tenemos dragones que eliminar… Yo, sinceramente, espero poder verla de nuevo en la gran pantalla.