En 2001, a Billy Beane, manager del equipo de béisbol Athletics of Oaklands, no le ha gustado demasiado la derrota ante los Yankee de Nueva York. Pero poco puede ante un equipo que le supera -con creces- en presupuesto; y, para más inri, los pocos jugadores buenos que tiene, son comprados por otros equipos. ¿Qué más puede hacer, si quiere un equipo competitivo? Creatividad.

Por casualidad Beane se topa con Peter Brand, un joven analista recién licenciado en Economía fanático de los datos estadísticos y convencido en que se puede crear un equipo viendo los porcentajes de eficacia de distintos jugadores.

The art of winning an unfair game es el título original del libro en el que se basa esta película de Benett Miller, que a su vez cuenta una historia real. Una historia en que Billy Beane -interpretada aquí por un cada vez más grande Brad Pitt– consigue una proeza inaudita: ganar veinte partidos seguidos en la Liga Americana de béisbol. De hecho, Miller consigue meterte muy bien en la trama, a pesar de que no es la típica película de competiciones deportivas, con música épica y emotivas secuencias deportivas. Es una historia de cómo alguien se atrevió a romper unas reglas no escritas tradicionales y de cómo tuvo que enfrentarse a la opinión de los buscatalentos.

Quizá, al director de Truman Capote -donde ya había trabajado con Philip Seymour Hoffman y aquí hace de entrenador-, se le va un poco la mano en el metraje, pero es pecata minuta, en una película que con razón está teniendo buena acogida.

También Jonah Hill hace muy bien su papel de tímido licenciado y un poco antihéroe pero decidido a la hora de dar su opinión contraria sobre las elecciones de los “expertos” en béisbol. Imagen del que me parece tema de la película: la importancia del valor de la perseverancia; y la humildad para aceptar opciones que a veces pueden parecer muy equivocadas.

Es muy interesante ver, también, cómo somos capaces -me incluyo- de abandonar rápidamente al que no piensa como yo, simplemente porque me parece que está equivocado. Lo hace el entrenador, y lo hace el resto… Otra vez: el papel de la humildad no nos vendría mal de vez en cuando… Es verdad que quizá Beane actúe con un poco de prepotencia, pero no es menos cierto que consigue buenos resultados. ¿2 +2 = 4?

Otra cosa que cabe para reflexionar es el “tráfico” de jugadores que implica una liga de deporte -cualquiera-: parece que estamos mercadeando con cosas, y no personas… Tampoco ellos piensen mucho en el tema, pero creo que vale la pena darle vueltas al asunto. Algunos sólo ven dinero donde hay personas, familias, nombres… ¿O no?