A estas alturas, es muy difícil (por no decir imposible) ver una película de Clint Eastwood y no quitarse el sombrero: chapeau! Desde Mystic River (2003) no ha dejado de ofrecernos grandes obras maestras. ¡Y van seis! Este año han sido El Intercambio, primero, y Gran Torino –la que ha dicho es su última interpretación– después. Chapeau! Y es que, pienso no quemarme si lo digo, Eastwood es hoy el mejor director de cine de Hollywood. Un llanero del western que a sus recién cumplidos 79 años muestra una madurez mucho superior a otros grandes de la Meca del Cine y que sabe usar su cine para explicar lo que a él le preocupa o tiene en la cabeza.

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