No en vano, detrás se ve un cuadro de la Pasión

Es muy fácil hacer generalidades, y el cine se presta bastante a ello: “el mundo, cinematográficamente hablando, se divide en dos: Hollywod y el resto”. Algo muy manido, pero por desgracia -a veces sin darnos cuenta-, está en boca de muchos. De hecho, “el resto” es muy grande y, a menudo, muy diverso. Ni mejor, ni peor: de todo hay en la viña del Señor… Tanto americano,  como europeo o asiático. El problema es que ese cine suele quedarse “en casa”.

No obstante algunos países como Francia -muy recelosa de lo suyo-, han sabido exportar obras cinematográficas de las buenas allende sus fronteras. Hace tres años el país galo lo hizo con la comedia Bienvenidos al norte (tanto gustó, que se acaba de estrenar un remake a la italiana), y hoy lo hace esta gran película coral, De dioses y hombres, dirigida por Xavier Beauvois.

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Ya hablé de esta película. Entonces loaba la gran obra de Clint Eastwood que, año tras año, es capaz de mostrarnos su buena mano para hacer buenas películas y, lo que más le honra, de hacer obras maestras. Casi a dos por año. En su momento fueron las de Iwo Jima: primero Banderas de nuestros padres (2006) e, inmediatamente después, por una necesidad de contar también el otro punto de vista, Cartas desde Iwo Jima (2006). Y le siguieron Gran Torino (2008) y El intercambio (2008). Ahora, esperamos Invictus (2009) -estreno en enero de 2010- y Hereafter (2010), donde, por primera vez, Eastwood se mete en el terreno de lo fantástico.

Gran Torino ha sido -según lo que dijo el mismo Eastwood- la última vez que se ponía delante de las cámaras. Tal como si fuera una especie de testamento que quiere dejar para la posteridad. De hecho, creo que realmente es así; una entrevista en la que este gran director, actor, músico y productor (con su Malpaso Productions) habla de una necesidad que tiene de buscar algo más que lo que nos rodea y deja lejos su tiempo de agnóstico, me lo hace pensar:

Antes tenía mucho más de agnóstico. No soy realmente una persona de religión organizada. Pero ahora soy mucho más tolerante con las personas religiosas, porque puedo ver por qué han llegado allí

Sus películas son mucho más “espirituales” -por decirlo de algún modo- y sus personajes, con una fuerte carga de humanismo (el hombre con cuerpo y alma).