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“Dios existe –decía André Frossard, periodista y escritor que nació comunista y ateo y se convirtió al catolicismo–; y yo me lo encontré”. “Me lo encontré fortuitamente –diría que por casualidad si el azar cupiese en esta especie de aventura–, con el asombro de paseante que, al doblar una calle de París, viese, en vez de la plaza o de la encrucijada habituales, una mar que batiese los pies de los edificios y se extendiese ante él hasta el infinito”.

A veces, Dios se presenta en los lugares más inhóspitos, sin avisar. También en las salas de la pantalla grande. Parafraseando a Frossard, podríamos decir aquello de: “Dios va al cine, y yo me lo encontré”. ¿Por qué no? Cuenta Alec Guinness –el “Obi Wan Kenobi” de La Guerra de las Galaxias, entre muchos otros personajes– que, una tarde, disfrazado de sacerdote por el rodaje de El Padre Brown (1954) y descansando de la intensidad del trabajo, mientras paseaba tranquilamente se le acercó un niño solitario llamándole: “mon père!”. Se le acercó y le agarró de la mano, con fuerza, mientras hablaba sin parar. Anduvo un rato con él y, al llegar a su destino, se fue, con un suave “bonsoir, mon père”. Nada más. “Mientras él volvía a casa feliz y reconfortado –cuenta Guinness–, me dejó un extraño sentimiento de euforia y serenidad. Seguí andando pensando que una Iglesia capaz de inspirar tanta confianza en un niño no podía ser tan intrigante y horrible como a menudo se decía. Así que empecé a desprenderme de prejuicios aprendidos y arraigados desde tiempos inmemoriales”.

Él se encontró a Dios rodando una película. Otros, se lo han encontrado viendo buen cine: me parece que el cine –el que es bueno, repito– trasciende. Siempre. Digamos que no tiene que ser un “personaje” más, el Creador, pero sí tiene que ser fácil llegar a Él a través de sus creaciones. Es decir: a veces se habla de Él directamente y otras, se habla del hombre –de la humanidad– con personajes muy bien escritos –el cine es escritura filmada–, profundizando y, por tanto, trascendiendo. ¿Acaso no dice la Biblia que nos hizo a su imagen y semejanza?

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¿Nos hemos olvidado de qué significa ser humano? Es una pregunta simple; llana. Y un reto: el que plantea este magnífico documental, que ha recibido grandes aplausos y aún sigue cosechando premios desde su nacimiento, en 2008. Y es que no es fácil ser positivo describiendo la maldad existente en el mundo: odio, guerra, oscuridad, matanzas… The Human Experience, lo consigue. Presenta la realidad, tal cual es: muy dura; pero después de verla sales con ganas de ser mejor. “Es algo en lo que todos pensamos; respuestas a las cuestiones más elementales de nuestra vida: ¿quién soy? ¿qué estoy haciendo con mi vida?”…

The Human Experience es la experiencia real vivida por dos hermanos de Brooklyn, Jeff y Cliff Azize. Procedentes de una familia desestructurada: apenas conocen a su madre, y su padre a menudo se emborrachaba y les maltrataba, sobretodo al pequeño, Jeff. Asqueados y, sobretodo, interrogados e intrigados por la vida que les rodea y lo que ven, deciden ir por el mundo para descubrir cuál es el sentido del dolor, de la muerte, de la vida… su vida. Estos deseos de felicidad les lleva a vivir tres experiencias totalmente distintas y distantes una de la otra.

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… O cuando de lo sencillo salen grandes historias

Con motivo de la entrevista que hice a su director, pienso que es un buen momento para colgar la crítica que escribí en su momento de esta pequeña gran película. La última película en la que actuó Fernando Fernán Gómez, en la que, de algún modo, puede ser como una profecía de quien es ahora, como inspirador de historias. De él, Gustavo Ron me decía que era un hombre que le ayudó mucho. Lejos de la imagen de osco que tenía “me ayudó y fue muy cariñoso conmigo”.

Mia Sarah es una película de las que te hace salir contento del cine. Se deja ver e, incluso, se deja amar. Con unos actores que trabajan muy bien. Una de esas películas sencillas, pero que, por su sencillez, se hacen grandes. Ahí os dejo lo que decía en Newsuic, hace ya un tiempo.

Un buen momento, también, cuando estamos esperando el segundo largometraje de Ron, esta vez rodado en inglés: Ways to live forever (2010)

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