No es fácil hablar de una película, cuando -a mi parecer- ésta roza la perfección… No digo que There be Dragons sea perfecta, pero sí una obra maestra (“la película del año“, ha dicho alguien). Ya tocará, en su momento, hablar de los defectos; pero sí es verdad que cuando terminé de verla en un pase privado al que me invitaron, quedé literalmente alucinado.  ¿Sabes de esas situaciones en que no se te ocurre qué decir porque te das cuenta de que acabas de ver algo grande? Como cuando has visto por primera vez a la chica de tus sueños, y te quedas sin palabras…

Así estaba yo al terminar; y así,  poco a poco, enfundado en el casco y subido en la moto, fui asentando cabeza y pensando en ella. Hace tiempo que vi las multipremiadas Los gritos del silencio (1984) y La Misión (1986) del mismo director Roland Joffé y me quedaron grabadas; grandes obras que Joffé no supo emular. De hecho, no consiguió levantar cabeza en ninguno de sus trabajos posteriores. Incluso, llegó a dirigir la infantil Super Mario Bros. (1993), pero no quiso ni aparecer en los créditos…  Por eso, me parece que el director británico acaba de firmar como su redención profesional. Ya veremos si conseguirá mantener con las que ya está preparando.

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