Win, win… Si seguimos la traducción española del título, quizá deberíamos decir, de un modo algo vulgar: “ganar, ganar; lo que es ganar…, ganamos todos”. Y es que es así: unos ganan la felicidad, otros la amargura; unos, la amistad, otros, el ser odiados; familia, o soledad; o dinero, mucho dinero… Todo es cuestión de proponérselo: es lo que reconoce Mike Flaherty, al principio de esta historia: “¡todo el mundo lucha por tener más dinero!”.

Mike es un abogado en apuros de un pequeño pueblo y, en sus ratos libres entrenador de un equipo de lucha libre de un instituto. Es feliz con su esposa y dos niñas, pero vive estresado por una situación económica difícil, que esconde para no preocupar a su mujer.

Eso le llevará a aceptar ser el tutor legal de un cliente suyo con demencia senil, cuya hija le dejó hace tiempo y no tiene a nadie que pueda hacerse cargo de él: serán unos ingresos extra que le ayudarán a seguir adelante. Con lo que no contaba será con la llegada de Kyle, el nieto de su cliente, del que toda la familia acabará encariñándose, y en el que Mike descubrirá un gran talento para la lucha libre.

Thomas McCarthy escribe y dirige esta película con verdadera maestría. Se trata de una historia llena de humanidad, siguiendo la línea de su predecesora The Visitor (2007) –obra menor, a mi entender. Con unos personajes profundos (muy bueno, el papel de Paul Giamatti), que te van llevando de la mano a lo largo del filme. Y esto la hace grande. Además de su dosis de realidad: dura, pero con toques de optimismo y diálogos realmente divertidos. Como la vida misma: dramática, a veces; feliz, muchas otras.

Es una película que habla de la importancia de la familia: hay que ganársela, y no a cualquier precio. En ella crecemos en libertad, pero también cabe el error –¡tantas veces nos equivocamos!–… y el perdón. Pero para ganar, hay que jugar: como la lucha libre, que resulta una metáfora de nuestra vida; y, como en este deporte, tampoco vale todo para llegar al final.

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No tuve la suerte de estar en la rueda de prensa con parte del equipo de Encontrarás Dragones, en Madrid, el pasado martes. No estuve, pero la seguí bastante en directo a través de twitter y, ayer pude escuchar el vídeo que os dejo más abajo. Me pareció una rueda de prensa increíble, sobretodo por las declaraciones de Roland Joffé (entorno al minuto 31 del vídeo). En un momento dado, hablando sobre la santidad de Escrivá, dice:

es un hombre que en un momento dado se vio obligado a dividirse en dos y luchó de una manera muy personal para cerciorarse de que la gente no luchara por motivos ideológicos; y a mí eso me parece de un acto de valentía suprema y de una gracia maravillosa. Para mí, eso es santidad y… personalmente creo que el presidente Mandela también debería ser santo

Espero que España encuentra a su propio presidente Mandela… Alguien que dijera, en un momento importante: ‘no os olvidéis del pasado, pero a la vez no dejéis que el pasado os amenace y os atosigue; no olvidéis, sino perdonad y reconciliaros, porque tenéis un nuevo futuro‘.

Me gustó porque me pareció muy actual. España fue ejemplar con la Transición y supo perdonar (por lo menos, es lo que se veía). Hoy, parece que se quiere volver al pasado para señalar a todos los que actuaron mal -sobretodo los de un bando-.

Es muy complicado juzgar la historia desde un punto de vista posterior. Más cuando ves que se hace desde ideologías. Creo que Encontrarás Dragones habla de esto. Para perdonar, tienes que ser capaz de olvidar. No olvidar como si nada hubiera ocurrido. Sino dejándolo atrás y andando adelante.

No es fácil hablar de una película, cuando -a mi parecer- ésta roza la perfección… No digo que There be Dragons sea perfecta, pero sí una obra maestra (“la película del año“, ha dicho alguien). Ya tocará, en su momento, hablar de los defectos; pero sí es verdad que cuando terminé de verla en un pase privado al que me invitaron, quedé literalmente alucinado.  ¿Sabes de esas situaciones en que no se te ocurre qué decir porque te das cuenta de que acabas de ver algo grande? Como cuando has visto por primera vez a la chica de tus sueños, y te quedas sin palabras…

Así estaba yo al terminar; y así,  poco a poco, enfundado en el casco y subido en la moto, fui asentando cabeza y pensando en ella. Hace tiempo que vi las multipremiadas Los gritos del silencio (1984) y La Misión (1986) del mismo director Roland Joffé y me quedaron grabadas; grandes obras que Joffé no supo emular. De hecho, no consiguió levantar cabeza en ninguno de sus trabajos posteriores. Incluso, llegó a dirigir la infantil Super Mario Bros. (1993), pero no quiso ni aparecer en los créditos…  Por eso, me parece que el director británico acaba de firmar como su redención profesional. Ya veremos si conseguirá mantener con las que ya está preparando.

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Hace un tiempo leía en la red las primeras noticias de lo que parecía ser una peculiar y, quizá, polémica película sobre la vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. El director es nada más y nada menos que el director de la oscarizada The Mission (1986) o The killing fields (1984) –Los gritos del silencio-, Roland Joffé. Éste llevaba un tiempo de muchas vacas flacas -fue el director, también de la pobre Super Mario Bross (1993)… no sé si por su pobreza no sale ni en los títulos de crédito-.

There be Dragons, se espera en primavera de 2011. Prometían una película dura y con mucha violencia; y por el primer trailer que acaba de salir, parece que así será. Y sobre todo, una historia de perdón: la historia de un hombre que supo perdonar. Veremos si cumple con las expectativas.

Encarna a Escrivá el joven actor de Sturdust (2007) Charlie Cox, y la protagonista, es la última chica Bond: Olga Kurylenko. Tiene buena pinta, ¿no?

Actualización (23 de septiembre de 2010): nuevo trailer (subtitulado en español)

“¿Cómo ha podido, una persona, estar 30 años preso injustamente y, al salir, perdonar a sus opresores?”. De eso va la nueva película de Clint Eastwood. De cómo Nelson Mandela, cerrado entre cuatro paredes blancas casi treinta años, se convirtió en el símbolo contra el apartheid, de cómo llegó a ser el presidente de Sur África y cómo, al llegar al poder, supo perdonar… Concretamente, Eastwood adapta la novela de John Carlin, El factor humano, la historia del mundial de rugby que aquel año 1995 se celebraba a Sur África. Mandela, ya presidente del país desde hacía un año, vio en este deporte, la única manera de unir un pueblo, separado por muchos odios racistas entre negros y blancos, y al borde de una guerra civil.

A estas alturas, son pocos los que niegan que Clint Eastwood, con casi 80 años encima (los cumplirá el próximo 31 de mayo), es uno de los grandes de Hollywood. Y en Invictus demuestra, otra vez, que conoce muy bien el lenguaje del cine. No sólo porque sabe dirigir –con un espléndido Morgan Freeman, que bien se habría merecido el Oscar–, sino también porque sabe tocar temas humanos (del alma) con mucha clase. Así, convierte lo que podría haber sido un panfleto de propaganda política en la historia de un hombre que, con sus defectos, quiso ser más libre no dejándose llevar por la venganza.

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