Se dice aquello de “año nuevo; vida nueva”. Yo no me lo creo: no creo que en un minuto, un segundo, un instante…, el tiempo que pasa de la última campanada al nuevo año… en ese tiempo, digo, se pueda cambiar de vida. Sin más. Lo que sí es verdad -me parece- es que estas fiestas son un buen momento para llenarse de optimismo. Porque el mundo -lo que nos rodea y quienes tenemos más cercanos-, a menudo nos lleva a eso.

Pero a lo que venía. Vi un vídeo que me alegró la vida. De un hombre de cine, también. David Attenborough, hermano de otro gran hombre de cine, Richard -director, entre otras, de la magnífica Tierras de penumbra-. David es uno de los mejores documentalistas actuales. Capaz de dar vida cinematográfica a plantas o piedras, pone voz a un anuncio que lleva a elevar ese optimismo que decía al principio y decir: “pero, ¡qué grande es el mundo en el que nos ha metido su creador!”. Por eso, ¡feliz año 2012, lleno de buen cine! 🙂

Y, por cierto, también el cine de 2012 nos promete grandes películas: Batman, The Dark Knight Rises (el 26 de julio); Sherlock Holmes, Juego de Sombras The Iron Lady (el próximo 6 de enero); The Hobbit (el 14 de diciembre); lo nuevo de Spielberg, War Horse… Y algunos reestrenos en 3D (por los que no creo que debamos tirar cohetes, la verdad): Titanic y Star wars, episodio I: La amenaza fantasma… Veremos.

Clive Staples Lewis (1898 – 1963) es hoy muy conocido por sus Crónicas de Narnia y la adaptación cinematográfica. Tierras de Penumbra se enmarca después de la saga del león Aslan. Ahí se habla de un armario lleno de magia; una magia que sólo descubren los niños… o los que saben ser como ellos.

Lewis, cristiano converso del agnosticismo, es un gran maestro de Oxford. Vive con su hermano –soltero como él– y su vida transcurre plácidamente pasando de la universidad a su casa y de sus clases al estilo clásico de Oxford (grupos reducidos), a las aburridas, jocosas y también pedantes charlas con sus colegas. Una vida tranquila, donde lo único que realmente importa es saber mucho y procurar tener todas la respuestas preparadas para cualquier situación y así poder discutir sabiéndose siempre victorioso. Nadie es capaz de oponerse al razonamiento de este gran profesor inglés y todo el mundo le escucha con gusto. Su arte retórica encandila a cualquiera y tiene un gran discurso para explicar el sentido del dolor: “El dolor es como el cincel con el que Dios va haciendo su escultura y habla en un mundo de sordos”, dice. Pero C.S. Lewis -a quien todos le conocen por Jack- es un teórico: aunque esté convencido de que Dios nos crea por amor y de que el dolor es curación, tendrá que conocer a Joy Gresham -escritora judía americana, también conversa al cristianismo, y fan incondiconal de Lewis-, para darse cuenta de que le falta algo mucho más importante: la experiencia. La experiencia de pasar por un enamoramiento y por la cruda realidad de la muerte del ser más querido.

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