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Si uno no es un gran seguidor del fútbol –como es mi caso– y, sí un gran aficionado al cine –como también es mi caso–, le gustará The Damned United. No porque a los que les gusta el fútbol no se la recomienda –todo lo contrario–, ni porque sean excluyentes una cosa de la otra, sino sencillamente porque estamos ante una gran película que podría parecer que habla de fútbol, pero que, en realidad, habla de una persona que se ha dedicado al fútbol. No es lo mismo.

The Damned United cuenta la historia de un entrenador muy peculiar –Brian Clough, interpretada excelentemente por Michael Sheen– que duró tan sólo 44 días al frente del Leeds United y que hizo algo que no ha hecho nadie más en la Premiere, la liga de fútbol inglesa: subir a primera, equipos de “auténtica segunda”. Un hombre peculiar –muy peculiar–, con un carácter también muy fuerte que a más de uno nos ha recordado a alguien que sonaba mucho en las portadas de los periódicos deportivos españoles de los últimos meses.

Y lo cuenta de un modo también muy peculiar y original: con unos flash backs y flash forwards continuos con los que el director, Tom Hooper –y el guionista, el mismo que el de la magnífica El discurso del ReyPeter Morgan– van como marcando la personalidad de este entrenador.

No es mi propósito alargarme aquí. Simplemente me gustaría destacar algo que me ha llamado mucho la atención y quiero destacar en este cinefórum. Según muestran Hooper y Morgan en esta gran película, Clough tiene una gran capacidad de liderazgo; pero con una particularidad: lo pierde –casi automáticamente– cuando se aleja de su amigo, porque cree que ya no lo necesita: su gloria, es suya, no de los dos. Y no. Eso es vana-gloria.

Ser líder implica, entre muchas otras cosas, ser capaz de reconocer los errores propios y de que, con los demás, siempre se puede ser más. Mucho más. Y esto, en The Damned United se ve muy bien.