“Amazing grace” (algo así como “borracho de gracia” o, como se traduce, “sublime gracia”) es el título de un himno -muy cantado sobretodo en el ámbito anglosajón-, escrito por John Newton, comerciante de esclavos famoso por su crueldad que acabó convirtiéndose al cristianismo y más tarde en pastor anglicano.

Del himno, toma también nombre esta película. Es lo que reza el póster: “detrás de la canción que amas, hay una historia que nunca olvidarás”. Una historia de fuerza y audacia; de cómo un solo hombre, William Wilberforce (1759-1833), parlamentario británico, entendió que Dios le pedía que luchara en la política para acabar eliminando el comercio de esclavos tan brutal en los países anglosajones. Y es que la trata de esclavos daba mucho dinero, por lo que una propuesta de este calado implicaba un gran cambio de mentalidad (y de bolsillos…)

Finalmente, no sin problemas -incluso de salud-, pasados más de 15 años de su primera propuesta Wilberforce consiguió que se aprobara la “ley abolicionista” que suponía el inicio del fin de la esclavitud en el mundo entero…

Cuando de una película ya conoces el final -porque son hechos históricos, no porque te la hayan fastidiado- lo bueno es conseguir plantear dudas al espectador, para que enganche con lo que está viendo. Quizá en estos sectores de Europa no sea tan archiconocido William Wilberforce, pero sí lo es en el mundo anglosajón. Por eso, pienso que el guión de Steven Knight lo hace muy bien: comenzar por el fracaso, y seguir mostrando cómo consiguió un solo hombre -porque comenzó estando realmente solo- que se aceptara su propuesta abolicionista. Y si a esto le añades una puesta en escena muy bien llevada por Michael Apted, y unos actores convincentes, muy humanos, te queda una película bastante redonda.

La verdad es que Apted se aparta de antiguos argumentos suyos como los de Enigma (2001), la serie Roma (2005) o la más famosa Gorilas en la niebla (1988) para sorprender con esta historia de héroes; no de “súperheroes”, sino de los que podríamos llamar “héroes de la vida cotidiana”. Porque realmente, la cruzada de Wilberforce fue una auténtica historia de héroes; de aquellos que, como dice Fox al final de la película, llegarán a casa y podrán dormir tranquilos, sin nada que les atormente.

Sorprende la claridad como se muestra el tema y, sobre todo, lo bien marcada que está el hecho de que este parlamentario inglés sólo consiguiera llegar donde llegó gracias a su fe y confianza en Dios. También me parece excepcional cómo presenta Apted el dilema de Wilberforce entre elegir o a Dios o la política y cómo finalmente decide las dos cosas… Quizá se un buen ejemplo a tomar para tantos que están metidos en la política y son incapaces, no ya de ver a Dios en todo lo que nos rodea, sino de poner los intereses reales del hombre -la humanidad- por encima de sus propios intereses o de sus ideologías.