Se dice aquello de “año nuevo; vida nueva”. Yo no me lo creo: no creo que en un minuto, un segundo, un instante…, el tiempo que pasa de la última campanada al nuevo año… en ese tiempo, digo, se pueda cambiar de vida. Sin más. Lo que sí es verdad -me parece- es que estas fiestas son un buen momento para llenarse de optimismo. Porque el mundo -lo que nos rodea y quienes tenemos más cercanos-, a menudo nos lleva a eso.

Pero a lo que venía. Vi un vídeo que me alegró la vida. De un hombre de cine, también. David Attenborough, hermano de otro gran hombre de cine, Richard -director, entre otras, de la magnífica Tierras de penumbra-. David es uno de los mejores documentalistas actuales. Capaz de dar vida cinematográfica a plantas o piedras, pone voz a un anuncio que lleva a elevar ese optimismo que decía al principio y decir: “pero, ¡qué grande es el mundo en el que nos ha metido su creador!”. Por eso, ¡feliz año 2012, lleno de buen cine! :)

Y, por cierto, también el cine de 2012 nos promete grandes películas: Batman, The Dark Knight Rises (el 26 de julio); Sherlock Holmes, Juego de Sombras The Iron Lady (el próximo 6 de enero); The Hobbit (el 14 de diciembre); lo nuevo de Spielberg, War Horse… Y algunos reestrenos en 3D (por los que no creo que debamos tirar cohetes, la verdad): Titanic y Star wars, episodio I: La amenaza fantasma… Veremos.

Aunque es una película de hace dos años, en España se estrenó en este 2011. Ha tardado… pero ha valido la pena: se trata de una historia muy sencilla; una de esas que, cuando la has visto, te dices: ¿por qué no se me habrá ocurrido a mí antes?

Leila es una condenada a cadena perpetua por un asesinato que cometió hace doce años. Ante su sorpresa, le dan el indulto que nunca había pedido, ofreciéndole un peculiar “puesto de trabajo”: atender al ciego padre Jacob, un pastor de campiña, cuya única ilusión es leer y responder todas las cartas que día tras día va recibiendo. Leila se encargará de esto.

La historia se sucede poco a poco. Hay momentos realmente emocionantes pero, lejos de los extremismos, el guión de su director Klaus Härö y de Jaana Makkonen, nos va mostrando, con la medida necesaria, cada uno de los elementos de lo que nos quieren contar sus autores. No hay excesos, no hay istrionismos…: al ritmo de la impasibilidad de Leila (una mujer robusta y con un rostro surcado por el dolor, incapaz de sonreír, ni de ¿llorar?). Pero sí hay amor: mucho amor (el auténtico, no el facilón: el que cuesta, digamos). Del amor del padre Jacob que reza y responde todas las peticiones que recibe, y es capaz de dar todos sus ahorros a una mujer “porque ella los necesita más que yo”.

Kaarina Hazard borda magistralmente a su personaje Leila, y también Heikki Nousiainen, en el papel del pastor luterano. Härö consigue transmitir la soledad en la que se encuentran los dos -cada uno a su manera-, y la importancia de tenerse el uno para el otro. Como la humanidad: nadie puede vivir solo. También el cartero necesita de alguien y, sobre todo, eliminando los prejuicios hacia el prójimo.

Con una fotografía llena de luz, los dos directores nos dan una película muy optimista, en un mundo que no es precisamente fácil, el ser positivo ante la vida.  Quizá por eso -por este contraste-, nos quedamos mejor con el mensaje de donación. Es una historia de redención y esperanza. Y también se puede descubrir la gracia que tenemos los católicos con la confesión, el único modo real de empezar de nuevo.

En 1985 no existían “avatares” -aquellos “gigantes vestidos de pitufo”-; ni tampoco Jack Sparrow o paliduchos vampiros horteras que a un gesto de sus ojos son capaces de provocar el desmayo de toda una sala llena de espectadoras. En los 80 existían otro tipo de películas. No tenían grandes efectos especiales, pero uno disfrutaba con ellas.

Gremlins (1984), Regreso al Futuro (1989), Willow (1988), El chip Prodigioso (1987), Karate Kid (1984), Juegos de Guerra (1983), Indiana Jones (1981 y 1984), Rain Man (1988), E.T. (1982), Cinema Paradiso (1988), dos Star Wars (1980, 1983), Amadeus (1983) y un largo etcétera. Algunas -muchas- se convirtieron en míticas. Otras, simplemente pasaron a formar parte de la historia del cine… Acaso no sea casualidad que de vez en cuando alguien regrese a esa época. Spielberg la debe añorar mucho -en unas cuantas de las que he nombrado estaba directa o indirectamente implicado-, y por eso Super 8, de la que ya hablé y decía que se convertía en una nueva película nostálgica; y por eso, también -y porque me lo pidió alguien a quien se lo agradezco-, decidí volver a ver The Goonies: quería recordar los buenos momentos pasados. Volver a oír aquél “¡chocolatina!” y pasar las aventuras de un grupo de chicos en busca de un tesoro escondido y vigilado por un pirata muerto hace años… De hecho, sería un tesoro que les vendría de perilla a alguno de ellos porque su familia va a ser desalojada porque un ricachón va a tirar la casa para hacer un campo de golf cerca del mar.

(más…)

Hay una palabra que me parece define muy bien la actitud de los que no sueltan el móvil para nada y tienen que estar interrumpiendo todas las conversaciones, comidas, reuniones…; por el simple hecho -dicen- de: “tengo que contestar este twitt”… Una palabra: estupidez. Estúpido: érase una vez un hombre a un smartphone pegado…

Diréis que esto no tiene nada que ver con el cine. Y tendréis razón. Pero es que he visto dos vídeos que me han gustado. Dos cortometrajes: uno, en forma de documental o making of que sí tiene que ver con lo que digo; y otro, un cuento, que, aunque no directamente, sí de alguna manera. En los dos se muestra la importancia del darse a los demás. En la vida o en la muerte; en la salud o en la enfermedad…

Y el otro, una historia animada que me ha parecido buena, sencilla y bien conseguida: World Builder (El constructor de mundos).

Esto, también es ejemplo de buen cine

Que Super 8 no sea una película de Spielberg debe ser más una cosa formal que una realidad. En esta película dirigida por J.J. Abrams, el “Rey Midas” de Hollywood sólo figura como productor. “Sólo”… porque es un filme cien por cien Steven Spielberg: la temática, los actores, la época…

1979, en un pueblecito de Ohio. Una pandilla de chicos de en torno los 12 años está rodando una película casera de zombies. Para darle un poco de argumento a la historia, Charles, el director, decide contratar a una compañera -Alice, de quien está enamorado Joe, el protagonista de Super 8- y rodar una despedida muy emotiva en el andén de la estación de tren. Mientras filman, algo raro pasa: un coche provoca el descarrilamiento de uno de los trenes que pasa por ahí en ese momento -espectacular de lo que es capaz un simple coche y unos cuantos efectos especiales. Asustados, lo chicos se van rápidamente, sin darse cuenta de que es el mismo ejército y la NASA los que se encargan del tren y poco a poco van ocupando todo el pueblo, bajo un absoluto secreto de lo que está pasando ahí.

Todos los ingredientes para ver una película divertida: sentarse en la butaca y pasar un buen rato: aventuras, risas, emoción…; grandes -y exageradísimas- explosiones y extraterrestres. A decir verdad, no es una película de cinéforum, pero sí para pasar un buen rato y, eso sí, con caracterizaciones muy humanas -algo muy típico del “Midas”. Por supuesto, los más nostálgicos recordarán míticas películas como E.T., Los Goonies -igualmente producida, y no dirigida por…-, Tiburón (ese monstruo que aparece sin aparecer)… pero también Planet 51 (otra película nostálgica). Y, para los que no hemos vivido esa época, pero sí los 80, tiene gracia el descubrimiento del walkman y las cosas con las que se entretenían los adolescentes de entonces.

Spielberg…, digo, Abrams, toca muy bien el tema familiar y la importancia de dedicar tiempo a los hijos, si no te los quieres perder. Y dirige muy bien a este grupo de seis chicos, todos marcados con los tópicos del momento: el gordo y feo, pero listo; el hiperactivo amigo de los petardos; el que ha pegado el estirón físico, pero no mental… ¿Os acordáis de cuando, al gordo de la “troupe” de los goonies, le hacen explicar “todo, todo, todo” , y cómo empieza a contar qué le ocurrió en el cine cuando se empachó? Como éste, son muchos los momentos que hace rememorar Super 8.

En definitiva, una película con muchos alicientes para los amantes de las aventuras de siempre; una película llena de tópicos, pero llevados con mucha gracia.

Página siguiente »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 482 seguidores